domingo, 8 de julio de 2012

REFLEXIONES POST-ELECTORALES. O BIEN, “QUÉ GUAYABO TAN BERRACO”


¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí este cintillo que tengo 
y esta tristeza de hilo blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay qué trabajo me cuesta quererte como te quiero!
Federico García Lorca


¡La mañana de una noche difícil! Es lunes 2 de julio de 2012, y amanecí con amargura electoral en el corazón. Decepción rotunda y completa. Un dolor en el alma que no se quita ni siquiera dando rienda suelta a la tristeza. Tengo cruda en el ánimo. A la cruda, los colombianos la llaman “guayabo”. Pero este es una cruda exagerada, un “guayabo muy berraco”. 

Recuerdo pocas elecciones presidenciales como las que acabamos de tener. Nunca me había levantado de la cama tan triste por un resultado que ya conocía de antemano. Tal vez en 94 tuve una leve esperanza de un cambio que no se dio. En aquél entonces quedé igualmente decepcionado con el triunfo del PRI, aunque también estaba cansado de una jornada dura y agitada, vigilando las elecciones con Alianza Cívica en las oficinas de distrito. No sabía si era mayor el cansancio que la decepción. Levantarse la mañana del lunes (aquél año fue 22 de agosto) fue muy duro. Mañana de lunes con cara de domingo aburrido, lento, insípido. 

Me acuerdo del desconcierto tan grande. Un grupo de compañeros y yo habíamos trabajado durante varias semanas: salimos a concientizar a la gente de la importancia de votar, de pensar en serio cuál era la mejor opción, de no vender su voto, de no dejarse convencer por una despensa o por ayudas. Hicimos algunos talleres, todo lo originales que pudimos, para ilustrar las posiciones de los partidos. Y luego el trabajo de observadores: levantarse temprano a la casilla (o en mi caso a la oficina de distrito) a registrar pormenores. Y me acuerdo que nos quedamos hasta la llegada del último paquete electoral, más o menos a la una y media de la mañana. Creíamos que si hacíamos elecciones más transparentes, el rumbo político iba a cambiar. ¡Oh sorpresa!, nos dimos cuenta que, de todos modos, la gente salió aquél 21 de agosto a votar por el PRI.


Entiendo bien que lo que me sucedió a mí son pequeñas cosas comparado con la gente que se dedica a eso. Pero creo que hicimos (mis compañeros y yo) un esfuerzo notable para personas que no son políticos de profesión o para no haber militado en ningún partido. Queríamos ser “ciudadanos conscientes y comprometidos” y sentíamos que podíamos cambiar las cosas. 

Estas elecciones fueron algo parecido a aquello, a pesar de que esta vez sólo fui un  espectador por estar viviendo en un país extranjero. La misma esperanza se despertó, el mismo deseo de cambiar las cosas, el mismo optimismo que invita a ir un poco más lejos.

Esta “temporada electoral” de 2012, como varias otras, no hice nada. Sólo me limité a postear en Facebook, de manera un tanto ilusa, creyendo que podía participar de los ecos de un compartir mucho más amplio. En el 94 recorrimos algunos pueblos y varias colonias con nuestros talleres. Esta vez, yo sólo tenía enfrente a mis 800 “amigos” de Facebook, muchos de los cuales no se conmovieron en lo más mínimo con mis rollos electorales. Los que piensan como yo, ya estaban convencidos. Los que no piensan como yo, no cambiaron su visión por ninguno de mis posts.  Sólo tuve un par de conversaciones interesantes con amigos y amigas; con varios, aunque muy pocos, tuve desacuerdos y discusiones de verdad, con divergencias importantes pero tratando de darles cauce. Estos amigos “discutidores” habrán sido unos… diez. En todo caso, estoy seguro que no son ni siquiera quince. No fue ni el 2% de mis contactos, así que el nivel de efectividad fue muy inferior al montaje que hicimos en 94.

Sin embargo, tuve la sensación de participar de algo mucho más grande. De pura casualidad vi un enlace a la presentación de Peña Nieto en la Ibero, y puedo decir que presencié el momento mismo en que los estudiantes lo abucheaban y lo corrían del auditorio. El resto lo vi después. Me sorprendió muchísimo todo. Me sorprendió gratamente cómo nació el movimiento de estudiantes que después se convirtió en #yo soy 132. La verdad, me llenó de expectativas. No pensé que un grupo de estudiantes lograran convocar un movimiento que puso en jaque la candidatura de Enrique Peña Nieto. Hace mucho tiempo que no veía a David alzarse contra Goliat. Y le abollaron la campaña perfecta, lo obligaron a echar a andar toda la maquinaria del PRI, a comprar votos de manera descarada, a mandar acarreados a los mítines, a mandar golpear a los inconformes. Un PRI que parecía tener un nuevo rostro amigable, que decía ser un “nuevo PRI”, más juvenil, incluso más cercano y eficaz, se vio obligado por un puñado de jóvenes a revelarse como es: autoritario, clientelar, superficial y absurdo. A pesar de haber ganado la elección, el dinosaurio violento y corrupto fue puesto en evidencia.


¿Qué pasó, qué nos pasó con las elecciones? Que los inconformes, los que no queremos al PRI en el gobierno nos llevamos un chasco. Aparentemente, los estudiantes de #yo soy 132 nos hicieron fabricarnos una ilusión (que no era su intención, realmente) de que era posible evitar lo inevitable. Quisimos creer que, finalmente, podíamos presenciar un cambio. Los desilusionados quisimos creer… pero amanecimos tristes. Ya sabíamos qué iba a pasar y la ilusión de todos modos se nos murió entre las manos.

Creo que hay una tentación que necesitamos evitar. Y necesitamos evitarla porque nos lleva al fatalismo, a la depresión de pensar que todo da lo mismo. Nuestra tentación sería pensar que nos hemos desilusionado porque el entusiasmo desmedido es pura ilusión. Podemos pensar que la cruda es señal de borrachera. Y no es cierto. No es verdad, porque lo que anhelamos, lo que deseamos para México no es algo malo para nadie: mayor democracia, mayor transparencia, menos corrupción, mejor función del Estado de Derecho para todos. Eso por una parte. Pero por otro lado, también hubo una clara señal de que lo que pensábamos no era ilusorio. ¿Cuál es esta señal?


Ya lo decía: los jóvenes obligaron al PRI a mostrar su verdadero rostro. Pero los modos de actuar del dinosaurio dictatorial también manifestaron señales de una seria cruda post-electoral. El lunes por la mañana, oleadas de gente que había vendido su voto por tarjetas de las tiendas Soriana llegaron a las sucursales más cercanas para canjear sus vales. Querían gastar lo que tenían en las tarjetas antes de que el PRI les quitara lo que les prometió a cambio de vender su propio voto (y el voto de otras personas). Una primera tienda tuvo que cerrar sus puertas ante el exceso de compradores. Y luego una segunda. Además, hubo plantones y bloqueos de personas que pedían que el PRI cumpliera con lo que les había prometido, puesto que ellos habían vendido su voto pero ya no les pagaron. El espectáculo fue grotesco. Como telón de fondo, el virtual ganador de las elecciones diciendo que su partido no había comprado votos.

Esta "cruda post-electoral" del PRI quiere decir que la esperanza no fue una ilusión: había posibilidad de ver un cambio. Pero otra vez el poder corrupto secuestró esta posibilidad. La esperanza no era ilusa. Si no es una cruda de ilusión, ¿entonces de qué es cruda? ¿Qué es lo que nos provoca esta profunda sensación de dolor e insatisfacción? ¿Una “elección perdida”? Francamente, creo que no. Si fuera eso, creo que sería lo mismo cada elección: unos ganan y otros pierden. Pero esta vez hay algo distinto. Con el PRI expuesto, ya sabemos lo que nos espera. Pero el dinosaurio evidenciado nos mostró algo más profundo y todavía más doloroso: en México hay muchísimas personas dispuestas a vender su voto por despensa. México está lleno de personas que viven cotidianamente una violencia y una carestía profundísimas. México está lleno de personas sin horizonte, que no son capaces de ver más allá de lo inmediato. Estamos llenos de intereses mezquinos, pequeños. Hay mucha gente a la que no le importa el futuro del país, justamente porque viven en un país que se ha desentendido de ellos, que los ha abandonado en la miseria.

Yo creo que fue esa pobreza y ese horizonte lo que nos dio en la cara. El dolor viene de ahí, del desengaño de la gente que no es capaz de solidarizarse con un proyecto de país más amplio y más humano, sencillamente porque vive al día. Darnos cuenta de eso es doloroso y vergonzoso, pero no para quienes vendieron su voto. Es vergonzoso para quienes bajamos los brazos demasiado pronto. Creo que toca seguir avanzando después del guayabo del optimismo. Para mí esta es una gran llamada de atención: no habrá jamás democracia, ni proyectos, ni nada mientras exista gente excluida. Porque esa exclusión nos seguirá dando en la cara cuando pretendamos tener días de optimismo como los que vivimos hace poco. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario